Por Luis Alonzo Paz | CNP 10.760

Desde una perspectiva estrictamente futbolística, lo demostrado por la selección femenina de fútbol Sub-17 en la Copa Mundial de la FIFA Marruecos 2026 constituye una de las actuaciones más sólidas de nuestro balompié formativo en el concierto internacional. Haber inscrito el nombre de Venezuela entre los ocho mejores planteles del planeta —tras dejar en el camino a una potencia del calibre de Alemania en octavos de final— confirmó el crecimiento táctico, la madurez competitiva y el talento del grupo dirigido por la entrenadora larense Dayana Frías.

Sin embargo, el sueño de avanzar a la antesala de la gran final se desvaneció en el epílogo del compromiso disputado en el Complejo de Fútbol Mohammed VI, en Salé (Rabat), donde las guerreras vinotinto cayeron por la mínima diferencia (1-0) ante una aguerrida representación de Nigeria.

Cierre dramático y solvencia táctica en Salé

El desarrollo del encuentro de cuartos de final exigió al máximo la capacidad de lectura del cuerpo técnico venezolano. El seleccionado africano apeló a su tradicional biotipo físico, a la presión alta y al control de la posesión para intentar romper el bloque defensivo vinotinto. Ante ese panorama, el conjunto de Dayana Frías respondió con orden en las líneas, coberturas oportunas y una transición limpia en la zona medular para intentar conectar con el frente de ataque.

El plan de juego mantuvo la paridad a cero durante casi los noventa minutos reglamentarios, proyectando una definición desde el punto penal que parecía inminente. No obstante, al minuto 89, una sentencia desde el tiro penal le permitió a la atacante nigeriana Azeezat Oduntan batir la portería criolla y sellar el boleto de su país a las semifinales, donde se medirá ante Brasil. La otra llave semifinal del certamen orbital la disputarán Corea del Norte y Japón.

Para este exigente cruce, Venezuela saltó a la cancha con Valeria Rebanales en el arco; Karla Alfonzo, Dariana Medina, Abril Alejo y Antonella Carmona en la zaga; Astrid Granadillo, Migleydys Bolsegui y Juneski Flores en la zona de volanteo; mientras que Diana Bravo, Andrea Suárez y Ariana Ojeda asumieron la responsabilidad en el ataque.

Un contraste que duele en la acera nacional

En lo deportivo, el balance de esta generación es de aplauso de pie. Llegar a cuartos de final en una cita mundialista ratifica que en Venezuela existe materia prima y capacidad técnica para competir al máximo nivel.

Lo profundamente indignante es que semejante gesta internacional haya quedado desplazada de las portadas y de la conversación pública por la tragedia doméstica. Que la eliminación con honores en Marruecos pase a un segundo plano producto del fatídico domingo que cobró la vida de un aficionado del Zamora FC a manos de violentos en Barinas, evidencia la desconexión total entre el esfuerzo de nuestras atletas en la cancha y la desidia que sigue azotando a nuestras tribunas locales.

Nuestra selección femenina regresa a casa con la frente en alto tras dejar una huella imborrable en suelo marroquí. A la dirigencia y al país futbolero le queda la tarea urgente de sanar la estructura interna para que el brillo de nuestras jugadoras jamás vuelva a verse eclipsado por la barbarie.