El presente artículo no busca en absoluto minimizar la ilusión de los chamos que saltan a la cancha ni el esfuerzo incalculable de los padres que sostienen el sueño de sus hijos en el torneo sub 14. Al contrario, el propósito es poner la lupa sobre una interrogante ineludible: si la Federación Venezolana de Fútbol (FVF) tiene la capacidad de volcar recursos, marketing y logística en un certamen de categorías menores, ¿por qué ha relegado a un segundo plano de importancia y valor la cita polideportiva más importante del país? Resulta legítimo cuestionar por qué el fútbol de campo en unos verdaderos juegos nacionales asiste por mero compromiso, e incluso por qué sus futbolistas no pueden estar debidamente integrados al sistema COMET, evidenciando una desconexión entre el ente federativo y la estructura oficial del deporte nacional.

Por Luis Alonzo Paz | CNP 10.760

En el ecosistema del balompié nacional, rebautizar certámenes o presentar formatos tradicionales bajo una estética renovada se ha vuelto una constante. Sin embargo, quienes peinan canas en la cobertura del deporte de la parda y conocen la intrahistoria de nuestro fútbol tienen claro que lo que ejecuta la Federación Venezolana de Fútbol (FVF) con el torneo sub 14 no es nada nuevo. En el fútbol y en el deporte prácticamente todo está inventado, aunque hoy se intenten abrir brechas mediáticas para hacer creer lo contrario.

Lo que hoy se celebra con gran despliegue en redes en una sola categoría contrasta ostensiblemente con la época en la que se disputaban cinco campeonatos nacionales de selecciones estadales al año (desde la sub 12 hasta la sub 20). Resulta llamativo cómo la dirigencia actual volcó su atención a una categoría menor mientras se abandonó paulatinamente la máxima vitrina juvenil, la sub 20, que en antaño constituía el verdadero centro de atención nacional y la antesala directa al profesionalismo. Cabe preguntarse si esa categoría superior fue desplazada simplemente porque no genera el mismo impacto ni los dividendos económicos de las categorías formativas base.

Un desatino conceptual dentro de la cultura polideportiva

Escribir sobre esto no implica desestimar la ilusión de los chamos que hoy compiten en suelo larense, ni el esfuerzo incalculable de las familias que hacen posible su presencia en cancha. Se trata, más bien, de reflexionar y llamar a las cosas por su nombre. ¿Acaso la dirigencia que encabeza Jorge Giménez no se percatará de que bautizar como «Juegos Nacionales» a un torneo monodisciplinario de fútbol representa una bofetada a la cultura polideportiva del país y a las instituciones como Mindeporte o el IND?

El término «Juegos Nacionales» pertenece por definición y tradición a la máxima cita multideportiva de la patria -no solo en Venezuela-. Usarlo para un campeonato federado de una sola disciplina resulta un desatino institucional, especialmente cuando en pocos días arrancan los XXII Juegos Deportivos Nacionales Juveniles 2026, una competencia donde, paradójicamente, el fútbol de campo acude por cumplir con un expediente formal y sin el verdadero respaldo de alta competencia que exige el sistema deportivo nacional, es decir, sus jugadores no pertenecen al sistema COMET, en pocas palabras, quienes están dentro de este ecosistema saben claramente de que se trata el asunto.

«Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos; y en la apariencia y la confusión reside el dominio de los muchos.» Niccolò Machiavelli (Político y filósofo)

La Venezuela del boom y el peso sobre el bolsillo de la familia

Para refrescar la memoria colectiva, en los años dorados del boom Vinotinto las asociaciones regionales postulaban sus candidaturas y organizaban certámenes verdaderamente representativos con el apoyo directo de los institutos regionales de deporte. La identidad territorial se respiraba en los estadios y jugar por la selección de tu estado era el honor más alto para un jugador en formación.

En la dinámica actual, aunque la FVF asume la centralización de la sede y la escenografía propagandística, la realidad logística sigue golpeando la puerta de los hogares: son los padres y representantes de los jugadores seleccionados – en gran parte – quienes corren con la carga económica de la preparación y traslados en las fases de clasificatorias. Una selección estadal no debería depender del pulmón financiero del núcleo familiar, sino de la garantía democrática del talento.

Preservar la memoria para no desdibujar la historia

Como bien advertía Cicerón, «no saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños». Ocultar el pasado o cambiar la etiqueta a lo ya existente no borra las páginas escritas por generaciones de futbolistas y dirigentes que levantaron las bases de nuestro balompié. Cuando el fútbol con responsabilidad y jerarquía asistía a unos verdaderos Juegos Deportivos Nacionales, las figuras de los clubes profesionales vestían la franela de su estado en torneos sub 20 inolvidables. Juan Arango, Tito Rojas, el «Zurdo» Rojas, Giacomo Di Giorgi, José María Morr, César Farías como DT de Sucre, Nelson Carrero con DT de Distrito Federal, o el propio Jorge Luis Pérez —hoy director técnico de Lara en el nacional que arrancó en Cabudare— defendieron con orgullo sus colores regionales.

«Reconocer el valor de la historia no es restar mérito al presente, sino exigir rigor. En el fútbol venezolano casi todo está inventado; intentar cubrir la realidad con etiquetas ruidosas solo desdibuja el camino. La dirigencia debe entender que el desarrollo del fútbol base requiere respeto a la cultura polideportiva, articulación real con las regiones y, sobre todo, la honestidad conceptual de llamar a cada torneo por su verdadero nombre.« LAP

El balón Rueda en Cabudare

Esta semana la pelota rodará en Cabudare y los goles de la categoría sub 14 se celebrarán con la misma pasión de siempre. Los muchachos merecen disfrutar su torneo y dar lo mejor en la cancha. Pero más allá de la fiesta y del aparato comunicacional, es deber del periodismo responsable recordar que este formato siempre existió, que el fútbol de selecciones fue mucho más amplio y que para construir un futuro sólido primero hay que respetar la historia y el ecosistema deportivo del país, si las selecciones regionales de 14 años son más importantes que las de 18 años, el mensaje es muy claro. ¡Que cada quien saque sus propias conclusiones!