
Por Valentina Reyes | ECS
En las tierras del sol crepuscular, el béisbol no solo se ve, se celebra. Aunque en el presente siglo la fanaticada estaba acostumbrada a llegar al estadio Antonio Herrera Gutiérrez al final de la tarde, este domingo el plan se adelanta de forma inusual. Cardenales de Lara se enfrentará a los Tiburones de La Guaira a la 1:00 p.m., un horario meridional que responderá a las exigencias de la transmisión televisiva, pero que sobre todo promete transformar las tribunas en una auténtica fiesta desde temprano.
Para encontrar un antecedente de partidos jugados todavía más temprano en la pelota rentada nacional, como aquellos tradicionales duelos que en épocas algo lejanas iniciaban a las 11:00 a.m., hay que remontarse a décadas atrás. Esos encuentros matutinos absolutos se dejaron de programar debido al fuerte impacto del calor extremo sobre la grama y las tribunas, sumado a las dificultades logísticas y de asistencia que implicaba convocar a los fanáticos al estadio bajo el sol cenital del mediodía larense.
Lejos de ser un inconveniente drástico, este adelanto a la 1:00 p.m. se presenta como el pretexto perfecto para armar el plan familiar o el reencuentro con los amigos. El calor barquisimetano se combate con buena vibra, sombreros, lentes de sol y, por supuesto, un buen presupuesto para asegurar la friita bien fría que refresque cada inning. Además, la hora permite que quienes viajan desde municipios vecinos o zonas más alejadas disfruten el partido completo y regresen a sus hogares temprano, con total tranquilidad y antes de que caiga la noche.
Jugar en este horario diurno es un giro diferente en la rutina dominical de la pelota larense, pero la pasión crepuscular sabe adaptarse a cualquier circunstancia cuando se trata de apoyar al equipo. Con las puertas del nido abiertas desde las 11:00 de la mañana, la fanaticada roja ya prepara la garganta y la hidratación para vivir un choque único, lleno de ambiente, sol y béisbol del bueno.

