
Por: Luis Alonzo Paz | CNP 10.760
En la comunicación deportiva moderna, existe una línea muy delgada entre innovar y desvirtuar. En Venezuela, lamentablemente, muchas dirigencias parecen haber borrado esa línea. Bajo la premisa de «rejuvenecer la marca» o «conectar con las nuevas audiencias», el fútbol nacional (por citar un ejemplo) —y especialmente la estructura que rodea a nuestra selección— cayó en esa trampa peligrosa: creer que el volumen de seguidores de un influencer se traduce automáticamente en cultura deportiva o fidelidad de la fanaticada.
El Efecto Vinotinto: Entre la comedia y el análisis
Lo sucedido en los recientes ciclos de selecciones nacionales, donde Venezuela volvió a despedirse de la posibilidad de estar en un mundial de mayores, es el reflejo de una desconexión comunicacional. Mientras la Federación Venezolana de Fútbol (FVF) desplegaba alfombras rojas para personajes cuya única credencial es el algoritmo de TikTok, la prensa especializada pasaba por algunos traumas u odiseas como era el caso de las acreditaciones. La espera de la aprobación por parte de los organizadores, era muy similar a la una prueba de embarazo, una espera que muchas veces producía alegrías o traumas, dependiendo del resultado. Ni hablar de las restricciones para la cobertura, algo que los influenciadores nunca tuvieron.
A todo esto se le suma que se fomentó una realidad paralela. A través de la etiqueta y el marketing del «Mano, tengo fe», se privilegió a más de mil personas desconocedoras del oficio, enfocadas en la comedia, en la «jodedera» y el beneficio personal, por encima de los profesionales con títulos universitarios, años de cancha y equipos fotográficos de alta gama. El resultado es evidente: cuando el balón dejó de rodar y los resultados no llegaron, los influencers saltaron a su siguiente tendencia, mientras que el periodista —el que analiza, el que critica con fundamento y el que construye memoria histórica— se quedó para contar el drama desde la ética, y aun se mantiene.
Ósmosis Comunicacional y el retorno a las fuentes
Hace poco planteábamos la teoría de la «Ósmosis Comunicacional». Las redes sociales, aunque potentes, están mostrando signos de agotamiento desde la óptica periodística. Estamos viendo un fenómeno similar al de los DJ de la vieja escuela: después de años de dominio digital, el público vuelve a buscar al que sabe mezclar con acetato, al que entiende la esencia. Los fabricantes volvieron a los «platos» digitales porque la técnica importa más que el botón de play.
Lo mismo ocurre en el deporte. Los clubes deben entender que un teléfono inteligente no sustituye el ojo clínico de un reportero gráfico con una Canon o una Nikon, ni el criterio de una «buena pluma» que sabe estructurar un análisis táctico. El público, eventualmente, se cansa del ruido y busca voces con autoridad.
La radio y la TV: Los «muertos» que gozan de buena salud
Es común escuchar entre los gurús del nuevo marketing que «la radio ya no se escucha» o que «la televisión murió». Sin embargo, basta observar la pelota venezolana . esa que paraliza todo un país – y en pleno 2026, los circuitos radiales siguen siendo el alma del fanático y los programas especializados en grandes cadenas mantienen un enfoque de televisión de verdad, sin chamos (jóvenes en Venezuela) emitiendo opinión, porque el beisbol no permite gente sin experiencia, ni influencers haciendo sus payasadas para cautivar a un público que seguramente los rechazará.
El deporte tiene un «algoritmo natural» que permite la tecnología pero castiga la desorientación. El tapabocas se usó por obligación en la pandemia y hoy es un recuerdo; de la misma forma, el consumo vacío de contenidos digitales está pasando de ser una obligación a una opción, devolviéndole el espacio al periodismo de fondo.
Un horizonte de respeto y colaboración: Por la grandeza de nuestro deporte
Más allá de las tendencias y el ruido digital, el futuro del deporte venezolano depende de la solidez de sus cimientos comunicacionales. Las redes sociales son herramientas maravillosas para conectar, pero la esencia de la alta competencia vive en el análisis profundo y en la seriedad del dato.
La invitación para las dirigencias y federaciones es a la sensatez: contraten profesionales que sepan hablar, leer y escribir con criterio; profesionales que entiendan que un feed o un reel son apenas accesorios, pero nunca el cuerpo de la información periodística. Si usted busca a un médico con años de experiencia para que lo opere, ¿por qué no aplica esa misma exigencia en las áreas que gestionan su imagen y su entorno? La comunicación de una institución es su voz ante el mundo, y esa voz no puede entregarse al azar del algoritmo.
El béisbol venezolano es, quizás, nuestro mejor ejemplo de éxito. Para estar al frente de un departamento de prensa en la pelota criolla, se requiere mucho más que un «me gusta»; se exige conocimiento técnico, respeto por la estadística, una vasta experiencia, y lo más importante, ÉTICA . Si el béisbol es el deporte más exitoso del país, ¿por qué ignorar sus lecciones en materia de comunicación?
El deporte se engrandece cuando la innovación camina de la mano con la ética del periodismo de oficio. Si logramos que el brillo de lo nuevo se apoye en la estructura académica y la veteranía de quienes conocen la cancha, estaremos construyendo un proyecto deportivo sólido y respetado. Al final, el deporte se siente con el corazón, se vive en la grada, pero se inmortaliza con la palabra profesional.

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