El fútbol boliviano vive sus horas más intensas en décadas. En un encuentro que se jugó con el corazón en la mano y bajo la asfixiante presión de un Estadio BBVA de Monterrey que fue testigo de un guion de suspenso puro, la selección de Bolivia derrotó 2-1 a Surinam para avanzar a la final del repechaje intercontinental. Los dirigidos por Óscar Villegas sobrevivieron a la adversidad y ahora se encuentran a solo 90 minutos de romper una sequía de 32 años sin asistir a la máxima cita del balompié universal.

La primera mitad en suelo mexicano fue un intercambio de golpes donde la garra se impuso a la pizarra. Ambos conjuntos, conscientes de lo que estaba en juego, estiraron sus líneas en un trámite abierto y vertiginoso donde las oportunidades claras no faltaron, pero la falta de puntería mantuvo el grito sagrado atragantado en las gargantas de los aficionados. El descanso llegó con una tensión palpable, presagiando el drama que estallaría en el complemento.

El balde de agua fría para el combinado sudamericano llegó apenas iniciada la segunda parte. Surinam aprovechó una serie de rebotes fortuitos en el área chica para que Liam van Gelderen mandara el balón al fondo de las redes, poniendo a Bolivia contra las cuerdas. Sin embargo, lejos de desmoronarse, «la Verde» apeló a su estirpe combativa. El equipo se abalanzó al ataque con la desesperación de quien se aferra a un sueño que parecía escapársele entre los dedos.

La remontada comenzó a gestarse al minuto 71, cuando el joven Moisés Paniagua frotó la lámpara y, con un soberbio «puntazo» a tres dedos, firmó el empate que devolvió el alma al cuerpo de los bolivianos. Con el envión anímico a tope, apenas ocho minutos después, Miguel Terceros asumió la responsabilidad desde el punto penal para sentenciar el 2-1 definitivo. Los minutos finales – más 10 adicionales – fueron una oda a la resistencia; Surinam quemó todas sus naves, incluyendo al arquero en el área rival en la última jugada, pero la muralla defensiva de Villegas aguantó los embates para sellar el boleto a la instancia definitiva.

Bolivia se ilusiona y el continente lo siente. El próximo martes 31 de marzo, en el mismo escenario de Monterrey, la selección boliviana se medirá ante Irak en una final por el cupo directo al Mundial 2026. Tras más de tres décadas de ausencia, el pueblo boliviano vuelve a creer que es posible estar entre los grandes, en un ciclo que ha demostrado que el fútbol siempre otorga una oportunidad a quienes saben sufrir para ganar.

Por Luis Alonzo Paz | CNP 10.760