“El país aún vibra con el título mundial de béisbol, prueba de que los sueños pueden tardar décadas, pero llegan. El fútbol, que todavía le debe a Venezuela su gran alegría -clasificar a un mundial-, inicia en la FIFA Series un camino distinto: uno donde la paciencia, la autocrítica y la reconstrucción valen más que cualquier consigna. Porque así como el béisbol esperó 85 años para volver a tocar la gloria, la Vinotinto también puede renacer si entiende que cada fracaso es un ladrillo más en la construcción del futuro.” (LAP)

Por Luis Alonzo Paz | CNP 10.760
La participación de Venezuela en la FIFA Series 2026 llega como un consuelo competitivo después de un ciclo eliminatorio que no alcanzó ni el Mundial ni el repechaje. Pero también llega como una oportunidad para repensar el proyecto Vinotinto desde sus bases. El torneo, que reúne a selecciones de perfiles diversos en sedes como Uzbekistán, Ruanda o Puerto Rico, ofrece un espacio para competir, evaluar y reconstruir.
La Vinotinto compartirá grupo con Uzbekistán, Gabón y Trinidad y Tobago, rivales que representan estilos distintos y que obligarán al equipo de Oswaldo Vizcarrondo a adaptarse, a competir y a medir su evolución en un entorno internacional que, aunque no es el Mundial, sí es un laboratorio útil para un nuevo comienzo.
Pero este inicio no puede limitarse a lo deportivo. Venezuela necesita mirarse al espejo como ecosistema futbolístico.

Un país que necesita replantearse su relación con el fútbol
La Federación Venezolana de Fútbol tiene ante sí un reto mayor que convocar jugadores o planificar amistosos: reconstruir la confianza y la coherencia del entorno que rodea a la selección. Y eso empieza por entender que la crítica fundamentada no es un ataque, sino una herramienta de crecimiento.
En Venezuela, ciertas normas que FIFA o Conmebol establecen como lineamientos se han aplicado con un celo exagerado, casi siempre en detrimento del periodismo. Quizás sea momento de preguntarse si no convendría cambiar esa dinámica por una más abierta, más dialogante y más útil para el fútbol.
¿Y si empezamos a hacer las cosas de otra manera?
¿Qué tal si, en lugar de privilegiar la moda del momento, se vuelve a valorar la voz de quienes han acompañado al fútbol nacional durante décadas? ¿Qué tal si la prensa especializada recupera el espacio que nunca debió perder frente a los influencers, cuyo rol es distinto y no necesariamente incompatible, pero tampoco equivalente?
¿Qué tal si el proceso de acreditaciones deja de ser un filtro discrecional o un chantaje, y se convierte en un mecanismo transparente donde la trayectoria comunicacional sea un criterio real? ¿Qué tal si los partidos de eliminatorias vuelven a ser lo que deben ser: fútbol, competencia, identidad, y no un espectáculo paralelo donde el faranduleo pesa más que el juego?
¿Qué tal si las campañas institucionales se construyen desde el realismo y no desde consignas vacías que apelan a la «FE» como si fuera un atajo emocional? ¿Qué tal si las sedes se eligen pensando en el país entero, en la logística, en el acceso y en el rendimiento, y no en cábalas que terminan condicionando más de lo que ayudan, o alejando a la selección de la mediática en ciudades difíciles y hasta costosas para poder asistir?
¿Y si las transmisiones de la selección vuelven a estar en manos de especialistas, de gente que entiende el juego, lo explica y lo respeta, en lugar de convertir cada partido en un show donde el protagonista es el talento mediático y no el fútbol?
Estas no son quejas. Son propuestas. Son caminos posibles. Son ideas que nacen de quienes han estado siempre allí, incluso cuando el fútbol venezolano no era tendencia ni generaba clics.
El torneo como punto de partida
La FIFA Series no es el Mundial, pero sí es un escenario para ordenar ideas. Uzbekistán, Gabón y Trinidad y Tobago serán rivales que pondrán a prueba la disciplina, la adaptación y la identidad que Vizcarrondo quiere construir.
Si Venezuela asume este torneo con humildad y visión, puede convertir este “consuelo competitivo” en una plataforma para el futuro. Si la FVF entiende que la crítica no es enemiga, que la prensa no es adversaria y que el fútbol no necesita maquillaje, entonces este nuevo ciclo tendrá sentido.
El futuro exige decisiones, no consignas
El Proyecto 2030 no puede construirse desde la improvisación ni desde el marketing emocional. Debe construirse desde la planificación, la autocrítica y la coherencia.
La Vinotinto tiene una nueva oportunidad. La pregunta es si el país —dirigentes, jugadores, prensa y afición— está dispuesto a cambiar lo que debe cambiar.
Porque el futuro no se decreta. Se construye. Y se construye con decisiones, no con slogans.

