A veces uno siente que el país vive en dos frecuencias distintas: una donde el ruido del show lo tapa todo, y otra —más silenciosa, más real— donde se juegan las cosas que de verdad pueden cambiar nuestra historia deportiva. Este martes, en Cabudare, Venezuela no juega un trámite: juega tres puntos que pueden acercarla como nunca a un Mundial de mayores. Y duele admitir que buena parte del país ni siquiera lo sabe. (LAP)

Por Luis Alonzo Paz | CNP 10.760

Este martes 14 de abril, en el Estadio Metropolitano de Cabudare, no se juega un amistoso. No se juega un simple compromiso de Fecha FIFA. Se juegan tres puntos oficiales, puntos que pueden acercar a Venezuela como nunca antes a un Mundial de Fútbol Femenino de mayores. Y, sin embargo, pocos venezolanos lo saben.

Brasil, por ser sede del Mundial 2027, ya está clasificado. Eso deja a nueve selecciones sudamericanas peleando por dos cupos directos y dos boletos al repechaje. En ese escenario estrecho, cada punto pesa como oro. Cada partido entre rivales directos es una final. Y este martes, Venezuela recibe a una Argentina que lidera la tabla junto a Colombia con diez puntos, mientras la Vinotinto aparece tercera con ocho.

La ecuación es directa: si Venezuela vence, llega a once puntos, supera a Argentina y se mete de lleno en la pelea por la clasificación directa, dependiendo de lo que ocurra en el Colombia–Chile este mismo martes. Y allí la calculadora se vuelve protagonista, porque el sábado 18 Colombia recibe a Argentina en un duelo directo, mientras Venezuela enfrentará a una Bolivia que marcha última, con un solo punto, un solo gol marcado y dieciocho recibidos. Luego del sábado 18 a Venezuela le restaría un solos juego, ante Uruguay en junio, y la albiceleste enfrentaría a Perú y Ecuador ese mismo mes. Como se pueden dar cuenta, el panorama pinta complejo, pero para todas las selecciones.

¡Eso es lo que está en juego. Eso es lo que debería estar discutiéndose en el país. Pero no lo está!

El show es bueno y lo cognitivo también

Gran parte de la Venezuela del show, la Venezuela del faranduleo, cree que este martes se juega un compromiso de trámite, incluso algunos creen que es un amistoso. Y no es así. Se juega un partido oficial que puede definir -al menos de forma tangible- si Venezuela pisa un Mundial por la vía directa o si deberá ir a un repechaje. Se juega la posibilidad de que, por primera vez desde la creación de la FVF, una selección absoluta pueda mirar un Mundial sin depender de milagros, sin discursos vacíos, sin la fe como único argumento.

Aquí no se trata de criticar por criticar. Se trata de señalar que a la FVF le ha faltado tacto para comunicarle al país la magnitud de este partido. Mientras la sub‑17 masculina pelea en silencio su propio boleto mundialista en Paraguay, donde no logró clasificar de forma directa, – en un suramericano del que nadie habla -, la Vinotinto femenina llega a un duelo crucial sin el ambiente de premundial que debería respirarse en Lara y en Venezuela, y que conste, no es culpa de los larenses, ni de los sectores involucrados en la región. Simplemente el país no ha sido informado como debe ser. El país no ha sido convocado desde la realidad deportiva. Y eso pesa.

Tampoco es culpa de Deyna Castellanos que su cumpleaños haya capturado la atención de un sector que se acerca al fútbol desde la estética del espectáculo. Ella hizo lo que pudo: usar sus redes para invitar a la gente al estadio, y creemos que lo logrará. Pero el otro sector, el mediático, el que informa, el que contextualiza, el que mueve el dinero, al que le debería importar más, también tiene la responsabilidad de recordarle al país que este martes no se juega el pastel de cumpleaños de nadie, sino la posibilidad de que Venezuela dé un golpe sobre la mesa y se meta de lleno en la pelea mundialista.

Hay que ir pensando en el Mundial

Lara debe ir al estadio. Venezuela debe ir al estadio. No para ver fuegos artificiales, ni para escuchar artistas, ni para tomarse selfies. Debe ir porque este equipo necesita ese jugador número doce que empuja, que incomoda, que sostiene la intensidad cuando las piernas pesan. Debe ir porque, si se le gana a Argentina, el sueño deja de ser un deseo y se convierte en una posibilidad concreta.

Ojalá la torta de cumpleaños sea el Metropolitano lleno. Ojalá las velas sean los goles de Venezuela. Ojalá Deyna celebre como celebró hace diez años, en ese mismo recinto, cuando un gol suyo le dio a este país un título suramericano. Porque este martes, aunque muchos no lo sepan, Venezuela se juega la oportunidad de cambiar su historia.

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