Cada vez que conversamos con el periodista barquisimetano Daniel Oviedo, este no duda en señalar que “el fútbol de Venezuela es una burla al fútbol mundial”. Más allá de su pensamiento antagónico, muy al estilo de Hannibal Lecter en la película El silencio de los inocentes —por esa forma gélida, analítica y casi quirúrgica de diseccionar la decadencia de lo que ama—, muchas veces nos detenemos a analizar esa frase. Y aunque estamos seguros de que su apreciación es netamente picosa, en algunos casos, darle la razón puede ser una opción de 180 grados: un giro total de perspectiva ante una realidad que nos abofetea.

Esa «burla» a la que Oviedo refiere no siempre nace del balón, sino de quienes lo rodean. Recientemente, Elías López, miembro del equipo de El Mundo es un Balón (desconocemos si es periodista colegiado), lanzó una crítica feroz sobre el fichaje de un joven colombiano con un asombroso parecido físico a Vinícius Jr. El jugador llegó a Venezuela a probar suerte en la segunda división, y tras convencer al cuerpo técnico del Real Frontera, fue contratado oficialmente.

López, en un arranque de indignación digital, señaló textualmente en su cuenta de Instagram:

“Que vergüenza para el fútbol venezolano, un influencer, el imitador de Vinicius, fue presentado oficialmente como nuevo jugador del Real Fronteras de la segunda división de Venezuela. Esta es una de las mayores vergüenzas y manchas en la historia de nuestro fútbol venezolano, una falta de respeto total con muchos jugadores venezolanos que día a día luchan por una oportunidad (…) y encima, la propia LIGA FUTVE celebrando esta estupidez, porque no tiene otro nombre que una estupidez, por eso es que no avanzamos en el fútbol, qué falta de respeto”.

La paradoja del juicio ciego

Aquí entramos en un terreno filosófico interesante. López afirma tajantemente que el fichaje es una «mancha», pero acto seguido admite una verdad desconcertante: no conoce al jugador, no sabe cómo juega y jamás ha visto su contenido. ¿Cómo puede declarar culpable a alguien sin haber visto la evidencia? Se juzga el envoltorio (el parecido físico y su rol de creador de contenido) sin pasar por el tamiz de la realidad deportiva.

Los seguidores de López no tardaron en aplicar una dosis en los comentarios:

  • “Eso le sirve a la liga, son estrategias digitales… dejen que juegue y trabaje, así como muchos de ustedes vienen acá a Colombia a luchar por sus sueños”.
  • “La verdad es que dijiste que no consumes su contenido, o sea que ahora sí lo vas a ver… cuidado el influencer te termina cerrando la boca”.
  • “¿Cómo sabes que no tiene talento si tú mismo dices que no lo has visto jugar?”.

El jaque de la cortesía

Lo más fascinante de este «algoritmo social» es su conclusión. El «Vinícius Colombiano», a quien muchos ni siquiera habríamos registrado de no ser por la airada crítica de López, respondió con una altura que el interlocutor posiblemente no previó. Lejos de entrar en el lodo de la descalificación, el jugador le escribió:

“Te mando un abrazo crack… espero verte pronto. 😉”

¿Será este mensaje es un tratado de elegancia frente a la hostilidad?. ¿Es la respuesta del que sabe que su batalla no es en Instagram, sino en el césped?. Solo el tiempo se encargará de darnos estas respuestas.

Acá lo que importa es saber si el equipo y su cuerpo técnico lo contrataron por su parecido con Vinicius, o porque en realidad juega al fútbol como el conjunto fronterizo lo desea.

Realidades que marcan y el peso del pasado

La historia del deporte venezolano está llena de momentos donde lo mediático y lo deportivo se han abrazado. El 22 de mayo de 2003, el exgrandeliga Luis Sojo cumplió un sueño de infancia al jugar baloncesto profesional con Guaros de Lara. Con 36 años, disputó tres minutos ante Toros de Aragua. ¿Fue aquello una «mancha» o fue la humanidad de un ídolo buscando un sueño? Si el deporte es, en esencia, un espectáculo de superación, ¿por qué negarle el beneficio de la duda a un colombiano que proviene de una tierra donde el fútbol es una religión?

Epílogo: La lupa sobre las verdaderas manchas

No podemos negar que la FVF y la Liga FUTVE intentan, dentro de sus propias fortalezas y debilidades, hacer crecer este deporte que por enésima vez nos deja fuera de un Mundial. Sin embargo, desde esta vitrina consideramos que, más allá de si el «Vini» colombiano juega bien o mal, hay aspectos en nuestro balompié que requieren de mayor lupa, más hambre de laboratorio y, sobre todo, sentido común.

Resulta paradójico desgastarse en la crítica a un fichaje de segunda división cuando la industria ignora problemas estructurales: la orfandad de una televisión abierta que ha delegado en el YouTube gratuito la responsabilidad de llegar al pueblo que realmente no ve ese deporte en las redes; la brecha entre dueños de equipos que olvidan que el fútbol debe ser una industria comercialmente seria —tal como lo ha logrado el béisbol—; o las perennes peleas entre barras que pretenden emular una rivalidad de élite cuando los resultados de los clubes aún están lejos de esa paridad.

A esto se suma la nula relación entre el ente federativo y los medios del interior del país, solo la capital tiene ese privilegio, dejando un vacío informativo que alimenta el caos. El verdadero intrusismo profesional no está en un joven pateando un balón, sino en el entorno administrativo de nuestro fútbol, donde abundan las jefaturas de prensa de equipos llamados profesionales dirigidas por bachilleres o fotógrafos que asumen un rol para el cual no están titulados.

Esa es la verdadera burla que se esconde tras el ruido de las redes. El tiempo, ese juez insobornable, se encargará de disipar la rivalidad entre el crítico de Instagram y el jugador colombiano, pero la reflexión queda: antes de señalar la «mancha» ajena en el césped, habría que revisar si el lente institucional no está ya empañado por el prejuicio y la falta de profesionalismo en las oficinas.

Esto apenas comienza

Lo cierto del caso es que, queriendo o no, Elías López le acaba de otorgar a la Liga FUTVE 2 un nuevo y mediático trofeo: el de la expectativa global. Se ha instalado una pugna abierta entre lo que «Vini Jr. colombiano» pueda demostrar en la cancha y lo que el crítico de Instagram vaticina como una burla al balompié nacional. Gracias a esta controversia, podemos asegurar que los juegos del Real Frontera no solo tendrán ojos encima en Venezuela, sino que serán seguidos en diversas latitudes —casas de apuestas incluidas— para comprobar quién de los dos terminará teniendo la razón.

La mesa está servida y el morbo deportivo garantizado; solo queda comprar las cotufas (palomitas de maíz), porque esto apenas se pone bueno.

Por Luis Alonzo Paz | CNP 10.760