
La venezolanada no es un accidente, es un síntoma. Es ese patrón repetido de desconcentraciones, actitudes y resultados que nos persigue en cada torneo, cada eliminatoria, cada partido clave. Vizcarrondo lo dijo sin rodeos: el fútbol venezolano tiene un problema cultural. Y al hacerlo, rompió el silencio que por años disfrazó nuestras falencias de mala suerte o falta de experiencia. Hoy, por fin, alguien desde adentro se atreve a nombrar el mal.
En un país donde el fútbol ha sido más promesa que certeza, las declaraciones de Oswaldo Vizcarrondo tras la sufrida victoria 4-2 ante Haití en el Mundial Sub-17 no pasaron desapercibidas. El excentral Vinotinto, ahora estratega de la juvenil, no se escudó en la juventud de sus dirigidos ni en las condiciones del rival. Fue directo, sin anestesia: “El fútbol venezolano tiene un problema cultural”.
Esa frase, que para muchos puede sonar a lugar común, representa en realidad un quiebre discursivo. Porque por primera vez – al menos dicho de esa manera -, un seleccionador nacional —y además venezolano— se atreve a verbalizar lo que por años ha sido susurrado en redacciones, cabinas de radio y tribunas: la famosa “venezolanada”.
¿Qué es una “venezolanada”?
No está en los manuales, pero todos la reconocemos. Es ese patrón de errores que se repite como un karma:
- Goles encajados en los minutos finales, cuando el partido parecía controlado.
- Complicaciones con equipo denominados chicos
- Equipos que golean en casa y se desmoronan de visita, especialmente en Libertadores o Sudamericana.
- Jugadores que prometen ser cracks y se diluyen en indisciplina o estancamiento: Soteldo, Peñaranda, el “Brujo” Martínez, entre otros.
- Desconcentraciones al inicio del segundo tiempo, con goles tempraneros en contra.
- Tarjetas por reclamos innecesarios, más que por juego fuerte.
- Mas Show que futbol, cada vez que se organizan eventos de talla internacional, y una mano peluda considera apropiado hacer una fiesta sin haber jugado el juego clave. Por lo general el resultado es catastrófico para la selección.
Vizcarrondo no solo los conoce: los vivió. Y ahora, desde el banquillo, los anuncia. No como una queja, sino como un llamado a la transformación.

Un mensaje con destino mayor
Más allá del resultado ante Haití, lo que Vizcarrondo dejó claro es que en su selección no hay espacio para la complacencia. “Si estás en la banca y se te da la oportunidad, debes demostrar mucho más”, sentenció. Y agregó que solo jugarán quienes estén en mejor momento y muestren verdadero compromiso.
Ese tipo de discurso, que en otras latitudes sería rutina, en Venezuela suena a cambio. Porque aquí, durante años, se ha premiado más el nombre que el rendimiento, más la promesa que la constancia.
¿El próximo DT de la absoluta?
No es casual que muchos ya lo vean como el futuro seleccionador de la Vinotinto de mayores. No por nostalgia, sino porque los mejores momentos del fútbol nacional —en resultados y en juego— han llegado de la mano de técnicos criollos: Páez, Farías y Dudamel con la Sub20. Vizcarrondo, con su temple, su discurso frontal y su experiencia internacional, parece estar en esa ruta.
Pero para que ese autobús avance, hace falta que todos empujen: la FVF, los medios, la afición y, sobre todo, una prensa que trabaje sin la camiseta puesta, pero sí tenga memoria y compromiso.
Vizcarrondo ya encendió la mecha. Ahora toca ver si el país está listo para romper, de una vez por todas, con el paradigma de la “venezolanada”.

Por Luis Alonzo Paz | CNP 10.760
