
Por Luis Alonzo Paz | CNP 10.760
Con un toque de antonomasia que se ajusta al pulso emocional de la jornada, este sábado 18 de abril quedó marcado como un «Sábado de Gloria» para el fútbol de Venezuela, un día donde los triunfos, las señales y los gestos se entrelazaron para construir un relato que, según el cristal con que se mire, invita tanto a celebrar como a discutir. Lo cierto es que el balompié con acento venezolano dejó una estela de hechos que merecen ser contados.
En horas de la tarde llegó una noticia que, más allá de las críticas acumuladas durante el torneo, tiene un peso propio: la clasificación de la selección sub 17 masculina al Mundial de Qatar. En un Sudamericano celebrado en Paraguay donde el rendimiento del equipo dirigido por Jhonny Ferreira fue objeto de debate permanente, los chamos lograron el último cupo tras vencer a Bolivia (1-0) en el play‑off decisivo. Para muchos, un consuelo; para ellos y para la propia federación, una oportunidad de corregir los entuertos de un proceso que debe aspirar a más. Una clasificación que no borra las dudas, pero que abre una puerta que el fútbol venezolano no puede darse el lujo de despreciar.
En Panamá, la selección sub 17 femenina añadió un capítulo luminoso al día al adjudicarse la medalla de oro en los IV Juegos Suramericanos de la Juventud. El triunfo 2‑1 ante Paraguay en la final, en el estadio del Centro de Alto Rendimiento, confirmó el carácter invicto del equipo dirigido por la larense Dayana Frías y consolidó una identidad competitiva que se ha venido construyendo con paciencia y convicción.
El fútbol internacional también dejó su marca, y lo hizo desde lo más alto. Jon Aramburú se proclamó campeón de la Copa del Rey con la Real Sociedad, un título que adquiere un matiz especial para Venezuela. El caraqueño disputó 113 de los 120 minutos de la final, el partido número cien de su carrera con el club, y en el acto de premiación se envolvió en la bandera venezolana para recibir el trofeo y saludar al rey Felipe VI, un gesto que trascendió la celebración. El otro Venezolano Yangel Herrera, aunque ausente por lesión, formó parte de la ceremonia y del logro colectivo. La victoria ante el Atlético de Madrid en la definición por penales cerró un capítulo que también pertenece al fútbol venezolano.
La noche terminó con otra alegría: la goleada de la selección femenina de Venezuela ante Bolivia en el clasificatorio al Mundial (8-0), un resultado que mantiene vivas las aspiraciones de las criollas de alcanzar un cupo en el repechaje. Un cierre que completó un día donde el fútbol venezolano se hizo sentir en cuatro escenarios distintos, con cuatro significados propios, pero con un mismo hilo conductor.
Estos son momentos que, más allá de su dimensión deportiva, reactivan un discurso que suele desgastarse por la dinámica de un deporte que se juega todos los días, que se mide en todas las fronteras y que sirve para reír o llorar según el marcador. Un deporte que siempre está en el ojo crítico, que exige, que incomoda, que entusiasma y que, inevitablemente, forma parte de la conversación nacional. Porque en Venezuela siempre hay fútbol para corregir, para aplaudir, para discutir y para creer. Y este sábado, con sus luces y sus símbolos, lo recordó con claridad.

