
Reconstruir no es volver atrás, es recordar lo que fuimos para decidir lo que queremos ser. El deporte, cuando se vive con identidad y propósito, no solo forma atletas: forma ciudadanía, inspira respeto y proyecta futuro. Lo que se descuida se desvanece, pero lo que se honra puede renacer con más fuerza. Lara está cerca de celebrar los 25 años de sus Juegos Deportivos Nacionales, y creemos que es el momento para que el deporte vuelva a su sitial. (LAP)
Después de más de una década sin eventos polideportivos de alcance nacional, el regreso de los Juegos Deportivos Nacionales Juveniles 2022, los Juveniles 2024 y los Estudiantiles 2025 ha permitido algo que parecía perdido: medirnos. No solo en medallas, sino en estructura, en identidad, en capacidad de respuesta. Y en ese escenario, el estado Lara ha demostrado que sigue teniendo nivel competitivo, talento emergente y una historia que no se ha borrado. Pero también, ha quedado claro que ya no estamos donde solíamos estar.
Desde el año 2012 no se realizaban juegos con las características observadas en las dos últimas ediciones. Y desde 2007, los juegos nacionales dejaron de celebrarse en zonas geográficas específicas, perdiendo ese espíritu de congregación que convertía a cada estado sede en un epicentro de unión deportiva. La decisión de dispersar las competencias por todo el país diluyó el sentido de pertenencia, y con ello, parte de la esencia que hacía de estos eventos una verdadera fiesta nacional.
Una década sin medición no puede ser excusa eterna
Más allá de emitir juicios sobre gestiones pasadas, sería injusto comparar lo incomparable. Durante una década, quienes dirigieron el deporte en Lara no tuvieron la oportunidad de ser evaluados en el marco de eventos polideportivos nacionales. No hubo escenario para medir, ni contexto para catalizar procesos. Hoy, con el retorno de estos juegos, sí podemos ver dónde estamos parados.
Y lo que vemos no es del todo alentador. El cuarto lugar en el cuadro general de medallas puede parecer decoroso, pero para una región que históricamente ocupó el podio, representa un retroceso que no podemos normalizar. Lara fue potencia. Lara era sinónimo de excelencia en disciplinas como judo, esgrima, karate, taekwondo, lucha , y una entidad fija en la clasificación en deportes en conjunto como el fútbol. Hoy, esas referencias se han desdibujado, y aunque hay talento, falta estructura, falta método, falta ese fuego competitivo que nos hacía temibles.

De potencia indiscutible a territorio en reconstrucción
Durante años, Lara se mantuvo entre los tres primeros lugares del país, con amplia diferencia sobre sus seguidores. Era habitual ver a nuestros atletas dominar en múltiples disciplinas, y el sentimiento rojiblanco se hacía sentir en cada competencia. Hoy, incluso Yaracuy —considerado un estado pequeño en el mapa deportivo nacional— nos supera, posiblemente por la migración de atletas larenses que han encontrado en otras regiones mejores condiciones para crecer.
Este dato no debe doler: debe despertar. Porque si algo ha caracterizado al deporte larense es su capacidad de resurgir desde la convicción, no desde la queja.
Quince ediciones de los Juegos Nacionales Juveniles permiten hablar con propiedad. Durante años, escuchar el himno del estado Lara en cada competencia era símbolo de identidad, de pertenencia, de orgullo colectivo. Ser parte de la familia deportiva larense representaba un privilegio que trascendía lo competitivo. Hoy, ese sentimiento se ha ido diluyendo. Más allá de los resultados, lo que Lara necesita es recuperar la motivación. Porque sin inspiración, no hay impulso; sin impulso, no hay conquista. El primer paso no es ganar, es volver a creer. (LAP)
Sanar heridas, reconstruir vínculos, recuperar el alma deportiva
Con el reciente cambio de gobierno regional, es momento de establecer nuevas reglas dentro de la estructura deportiva, donde la metodología no puede ser genérica ni improvisada. Se requiere una intervención quirúrgica, técnica, sensible. Una revisión profunda que permita recuperar el sentimiento rojiblanco que alguna vez hizo vibrar al país cada vez que un atleta larense salía a competir.
Pero antes de eso, hay que sanar las heridas que puedan existir. Las fracturas internas, los desencuentros entre dirigentes, entrenadores y atletas, deben ser atendidos con madurez y visión. Unir a la dirigencia deportiva será uno de los retos más complejos para las nuevas autoridades. No solo en el ámbito regional, sino también en los municipios, donde las divisiones han debilitado el tejido deportivo.
La comunicación como motor de motivación colectiva
Levantar el ánimo colectivo será otro desafío, especialmente en un contexto donde la difusión y la comunicación deportiva han sido desplazadas por la dinámica de las redes sociales. Aún hay sectores que creen que una red social equivale a un medio de comunicación, y esa confusión ha dejado a buena parte del colectivo sin información, sin referencia, sin motivación. Solo se enteran de lo que sucede en el deporte un pequeño sector de seguidores, dinámica que deteriora la comunicación en el estado y que no es una constante en otras regiones del país.
El deporte necesita ser contado. Necesita volver a ocupar espacios en los medios, en las escuelas, en las comunidades. Porque cuando el deporte se comunica con dignidad, se convierte en inspiración.
Lara tiene con qué. Pero necesita creerlo otra vez
Lara tiene con qué. Lo ha demostrado. Pero volver al podio requiere más que talento: requiere visión, unidad y voluntad política. Y sobre todo, requiere que el deporte vuelva a ser defendido como lo que es: una herramienta de identidad, de transformación y de esperanza.
El cuarto lugar no es el final. Es el punto de partida. Y el sentimiento rojiblanco no está perdido. Solo espera ser convocado.

Por Luis Alonzo Paz | CNP 10.760
