
«El fútbol global merece ventanas nuevas, este Mundial de Clubes no llena estadios, pero sí abre puertas. El mayor error no está en el torneo, sino en quienes se niegan a verlo crecer.» (LAP)
Arrancó el Mundial de Clubes con una propuesta renovada y un aroma fresco que, lejos de lo que muchos detractores vaticinaron, ha dejado en sus primeras jornadas una grata impresión. Los encuentros han sido dinámicos, intensos y parejos en su mayoría, mostrando que la competencia entre clubes de distintos rincones del mundo puede estar a la altura del espectáculo global.
Sí, los estadios no han lucido completamente llenos, pero conviene recordar que no hablamos de un Mundial de selecciones. Las hinchadas no se movilizan en masas compactas, sino con el corazón dividido entre la pasión propia y el respeto por otras camisetas. Es poco probable ver a un hincha de Boca alentando a River, o a un milanista aplaudiendo al Inter. Sin embargo, no faltará el respaldo solidario de quienes comparten patria con los clubes más pequeños, que encuentran en sus compatriotas una voz de aliento más allá de los colores.
Unidad detrás del balón, desunión detrás de los micrófonos
Un punto fascinante es la auténtica multipolaridad futbolística que este torneo comienza a visibilizar. Venezuela, por ejemplo, nación que nunca ha clasificado a un Mundial de selecciones, cuenta con seis representantes en esta cita de clubes. Y así ocurre con muchos países que no figuran con frecuencia en los radares mundialistas. Esta competencia abre puertas a historias que merecen ser contadas, a talentos que merecen ser vistos, y a culturas futbolísticas que enriquecen el juego global.
Paradójicamente, las críticas más recurrentes no provienen de las tribunas, sino de los micrófonos. Periodistas, analistas y voces ligadas al negocio del fútbol han optado por minimizar el torneo desde sus primeras fechas, cual si fuese una obra fallida sin antecedentes ni futuro. Pero, ¿no son precisamente ellos quienes viven de este deporte? ¿No deberían, al menos, reconocer el valor de que exista fútbol competitivo en una época del año que solía estar reservada para las vacaciones?
Lo tangible vs. lo intangible
Como todo inicio, el Mundial de Clubes versión extendida tendrá aspectos que corregir. La FIFA lo sabe y es de esperar que refuerce lo que se ha hecho bien y ajuste lo que aún no cuaja del todo. Pero restarle mérito desde el arranque no solo es injusto; es irresponsable. Sobre todo cuando parte de quienes deberían fomentar el crecimiento de una industria que los alimenta.
Lo más irónico es que muchas de esas opiniones parecen buscar más el clic que el criterio. Generar polémica vacía se ha vuelto más rentable que ejercer un periodismo honesto, crítico, pero propositivo. En ese afán, algunos trabajadores del fútbol terminan arrojando piedras contra el mismo negocio del que forman parte.
Ojalá este torneo sea, además de vitrina deportiva, una oportunidad para reenfocar la conversación. Porque hay mucho fútbol que celebrar… y también muchas voces que deberían volver a mirar el juego como lo que siempre fue: una oportunidad para unir, construir y soñar.

Por Luis Alonzo Paz | CNP 10.760
