La Vinotinto Sub‑17 inició su camino en el Sudamericano con un empate que dejó sensaciones encontradas y la amarga impresión de haber revivido viejos fantasmas. Pese a dominar con claridad la primera mitad y mostrar una superioridad que parecía encaminarlos a un estreno convincente, un descuido en el tramo final permitió que Bolivia rescatara un punto en tiempo de descuento, recordando esos episodios tan característicos del fútbol nacional en los que, o se gana sufriendo, o se empata cuando el partido ya pedía cierre y oficio.

Venezuela saltó al campo de Villeta con intensidad, orden y una ofensiva dinámica que rápidamente inclinó el partido a su favor. Antes del descanso, el equipo dirigido por Jhonny Ferreira parecía tener todo bajo control. Santiago Sánchez abrió el marcador con una definición precisa que reflejó el dominio criollo, y poco después Román Lozada amplió la ventaja para colocar un 2‑0 que sugería un debut cómodo, incluso prometedor, bajo un calor sofocante que rondó los 35 grados.

Sin embargo, el complemento contó otra historia. La Vinotinto no logró sentenciar el encuentro, perdió claridad en la circulación y permitió que Bolivia creciera a partir del desgaste físico. Nabil Nacif descontó tras aprovechar un descuido defensivo, inyectando vida al conjunto del altiplano y obligando a Venezuela a replegarse más de lo necesario. El cierre, como tantas veces, se volvió un ejercicio de resistencia.

Y cuando parecía que los tres puntos estaban asegurados, llegó el golpe final. Guerra, al 90+1, ejecutó un tiro libre impecable que se colgó en el ángulo, dejando sin respuesta al arquero venezolano y sellando el 2‑2 definitivo. Un balde de agua fría que recordó esas “venezolanadas” que históricamente han marcado a nuestras selecciones: partidos controlados que se escapan en los últimos minutos, ventajas que se diluyen por detalles, cierres que exigen madurez competitiva.

Aunque sumar en un torneo corto siempre es positivo, el resultado deja un sabor amargo. Venezuela mostró dos caras: una contundente, creativa y dominante en el primer tiempo; otra vulnerable, imprecisa y sin manejo de tiempos en el cierre. El cuerpo técnico de Ferreira deberá ajustar mecanismos defensivos, administración del ritmo y lectura de partido para evitar que estos episodios se repitan en una fase de grupos donde cada punto pesa.

El debut deja lecciones claras: la Vinotinto tiene talento, tiene argumentos y tiene capacidad para competir, pero necesita sostener su identidad durante los 90 minutos. El torneo apenas comienza, y recuperar los puntos perdidos será clave para no depender de terceros en la búsqueda de la clasificación.

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