
Mientras un grupo de profesionales con trayectoria enfoca sus esfuerzos en construir el futuro de la selección pensando en el 2030, otros han optado por responsabilizar exclusivamente al Bocha Batista. Muchos de ellos sin formación en comunicación ni rigor analítico, en una narrativa que omite las fallas estructurales del fútbol venezolano y convierte la crítica en espectáculo.
Han pasado dos semanas desde la eliminación de Venezuela del Mundial 2026 y la posterior salida de Fernando “Bocha” Batista. El silencio del exseleccionador se rompió con declaraciones dadas a medios de su país, que lejos de cerrar el ciclo, abren nuevas preguntas sobre cómo se gestionó el tramo final de las Eliminatorias.
Batista más miedo que fútbol
Batista confesó que intentó ocultar a sus jugadores el resultado parcial entre Bolivia y Brasil. “Yo no quería que se enteraran”, dijo. El empate 2-2 ante Colombia en el entretiempo se convirtió en un punto de quiebre emocional tras saberse que Bolivia ganaba en El Alto. El técnico apeló a la calma, pero reconoció que el equipo entró en “locura” tras el 3-2 colombiano. El resto fue una goleada que selló la eliminación.
Más allá del episodio puntual, lo preocupante es la visión que Batista dejó entre líneas: que todo dependía del último partido. Como si los errores acumulados durante dos años —en convocatorias, planteamientos, gestión emocional y lectura del contexto— no hubiesen tenido peso. Como si el repechaje fuese un objetivo legítimo y no una ilusión sostenida por un formato benevolente.
La narrativa del “casi” se repite. Se construyó una expectativa sobre la clasificación que no se sustentaba en el rendimiento ni en la planificación. Y cuando el castillo se derrumbó, la reacción fue buscar culpables inmediatos.

El oportunismo mediático
Aquí entra en juego el comportamiento de ciertos sectores mediáticos. En lugar de analizar el ciclo completo, algunos opinadores — muchos de ellos sin formación profesional ni responsabilidad ética— se dedicaron a atacar al Bocha Batista como único responsable. Ignoraron las decisiones de la FVF, minimizaron el rol de la Liga FUTVE y omitieron que el fútbol venezolano sigue sin una estructura sólida que respalde procesos competitivos sostenibles.
Incluso hubo quienes, desde el guayabo emocional o la frustración personal, reaccionaron como si el resultado les hubiese afectado en apuestas – ludópatas con micrófonos -. La crítica se volvió emocional, desinformada y oportunista. Se perdió el sentido ético comunicacional.
A romper el cristal entre un antes y un después
La FVF tiene ahora una decisión compleja. La exigencia de que se contrate a un técnico que conozca el país se hace sentir. Apostar por un extranjero que emocione a una generación cristalina —con fuerte consideración en la rectoría criolla— podría ser un error si no se reconoce el pasado. Richard Páez y César Farías, con sus luces y sombras, siguen siendo referentes con conocimiento del terreno. Buscar mesías externos sin resolver los problemas internos sería la posibilidad de repetir el ciclo. Uno de los dos puede que sea una gran alternativa, ambos pudieran ser una solución, y este no es el momento para utopías que nos hagan creer que hay imposibles.
El fútbol venezolano no necesita salvadores. Necesita memoria, estructura y voluntad. Porque el problema del fútbol venezolano sigue siendo de los venezolanos. Y la solución también.
¡Como otras realidades!


TRD Sport | Luis Alonzo Paz | CNP 10.760
