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Por: Luis Alonzo Paz | CNP 10.760

La Vinotinto volvió a caer en la cancha, esta vez ante la selección de Japón, en uno de los primeros compromisos post mundial que afronta Oswaldo Vizcarrondo al frente de la banca nacional. Que la selección pierda ya no genera sorpresa, y la costumbre global de culpar al arbitraje ante jugadas dudosas se ha vuelto el refugio habitual cuando los planteamientos fallan. Sin embargo, pocos pueden debatir que sobre el césped la propuesta fue mínima: solo un remate a puerta registrado apenas en las postrimerías del primer tiempo, es el reflejo de la realidad deportiva.

No obstante, el debate de fondo trasciende el marcador y la naturaleza amistosa del choque. El verdadero problema que hoy aqueja al entorno deportivo nacional es la evidente falta de ambiente, emoción y arraigo alrededor de la selección absoluta.

Un desgaste institucional que factura en la tribuna

Los condicionantes de esta desconexión popular son múltiples. El desencadenante más doloroso fue la incapacidad de acceder al cupo de repechaje en el pasado proceso eliminatorio, tras la salida de Fernando «Bocha» Batista y el posterior desembolso millonario que la FIFA ordenó pagar a José Pékerman; un asunto económico e institucional sobre el cual ni la Federación Venezolana de Fútbol (FVF) ni la dirigencia deportiva han rendido cuentas claras al país.

A este escenario se sumó la designación en el banquillo de un estratega sin recorrido previo en la dirección técnica absoluta. Si bien la falta de experiencia es un factor que el tiempo y el rodaje pueden subsanar, la autonomía del cargo es una variable más compleja. En la dinámica del fútbol internacional, cuando una federación apuesta por un perfil de amplio recorrido, el peso moral de la trayectoria suele marcar una línea de respeto que exige libertad de trabajo – léase libertad para elegir a los jugadores -, dejando como único mecanismo de presión la continuidad del contrato.

Este lunes en horas de la mañana jugó la Vinotinto y el país continuó su rutina diaria como si nada hubiese ocurrido. En años anteriores, un partido de la selección paralizaba las conversaciones cotidianas e incluso justificaba retrasos laborales o escolares, ni hablar de los medios de comunicación quienes esperaban estas fechas para conectarse con la selección a través de sus coberturas.

Redes sociales, improvisación y pérdida de identidad

El canal poseedor de los derechos de transmisión realiza esfuerzos por colocar el espectáculo por encima del análisis técnico, priorizando la viralidad en plataformas digitales sobre el rigor de los medios tradicionales. La inclusión en las transmisiones de figuras vinculadas a otras disciplinas, como el béisbol o el hipismo, refleja una improvisación en la producción editorial que difícilmente se observaría en países con arraigo futbolístico consolidado. Aunque la estrategia busque captar tendencias en el algoritmo, genera un marcado distanciamiento en el aficionado que busca criterio periodístico y conocimiento especializado.

El fenómeno social denominado «Boom Vinotinto», construido en las etapas de Richard Páez y respaldado posteriormente por César Farías, ha perdido el impulso que movilizaba al país. La sustitución del periodismo profesional por dinámicas de influencia digital por parte de la FVF no ha logrado sostener la pasión genuina de la fanaticada.

Desconexión total

Esta desconexión real y tangible entre la Venezuela de a pie y nuestro futbol, no recae sobre la plantilla de jugadores ni sobre el cuerpo técnico actual; es el reflejo de una estructura balompédica donde conformarse con metas menores se ha vuelto la norma, para la FVF clasificar a un mundial sub17 de 7mo, es un gran logro, matando por completo la crítica y el análisis. La costumbre de aspirar al último cupo o al repechaje en lugar de competir por los puestos de vanguardia termina siempre por debilitar las aspiraciones del proyecto un supuesto proyecto deportivo que crece solo en el cemento, pero que se debilita en lo moral.

La caída del entusiasmo popular es la manifestación de una realidad más profunda en el fútbol venezolano, caracterizada por estructuras asociativas regionales cuestionadas por la forma como fueron elegidas y torneos de futbol base de selecciones estatales que en otrora dignificaba a sus estados y a las gobernaciones como parte de la gestión de cada instituto de deporte, hoy son sustentados económicamente por el esfuerzo de los padres y representantes, algo que pone en duda la condición deportiva y competitiva real del atleta, sobreponiendo el esfuerzo económico de sus mentores.

Venezuela no solo cayó ante Japón en el plano deportivo; el fútbol nacional desde todos los ángulos enfrenta el desafío de recuperar el elemento más valioso que construyó en las dos primeras décadas del presente siglo: la identidad y el orgullo del pueblo venezolano, más allá de la omnipotencia que muchos desde arriba suelen tener, y la prepotencia de muchos otros desde más abajo suelen mostrar.

El viernes vuelve a jugar Venezuela, y pese a que será otra brillante oportunidad para que Vizcarrondo muestre más y mejor fútbol que excusas, dudamos que el desborde nacionalista se manifieste como en otrora, algo que posiblemente a la FVF no le preocupe.

INFORMACIÓN ESPECIAL RUMBO A LOS JUEGOS DEPORTIVOS NACIONALES JUVENILES 2026