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Por Luis Alonzo Paz | CNP 10.760

El deporte menor en Venezuela navega por aguas turbulentas, y el fútbol infantil ha comenzado a mostrar su cara más oscura. Lo que debería ser un espacio formativo, de esparcimiento e integración comunitaria se ha transformado, con aterradora frecuencia, en una caldera de frustraciones adultas. La reciente ola de incidentes violentos registrados en diversas instalaciones deportivas del estado Lara —donde la agresión física contra árbitros federados, las trifulcas entre representantes y las actitudes violentas de los propios niños o jóvenes han quedado expuestas en videos virales— enciende una alarma que la dirigencia no puede seguir ignorando.

Esta crisis no surge en el vacío. Existe un hilo conductor directo entre el discurso incendiario, la descalificación sistemática del arbitraje y la histeria que se promueve desde las cúpulas del fútbol profesional mundial y el fútbol menor. Cuando la narrativa cotidiana en los medios y las plataformas digitales justifica la agresión al juez bajo la excusa del «error humano» o los «intereses económicos», el mensaje que cala en las bases es devastador: en la cancha todo vale.

La paradoja global y la ceguera institucional

El fenómeno de los «padres hinchas» desbordados es una plaga global. Entidades como la UEFA y la FIFA han comenzado a desarrollar programas de concienciación y códigos de ética rigurosos. En ligas de España, Inglaterra y Argentina se implementan campañas como «Respeto al Árbitro», suspensión de partidos e incluso la expulsión definitiva de representantes de los recintos deportivos tras incurrir en agresiones verbales o físicas.

En contraste, la respuesta institucional en nuestro país continúa siendo tibia y burocrática. Frente a las salvajes agresiones grabadas en canchas larenses contra jueces federados, la Asociación de Fútbol del Estado Lara (AFEL) intenta despachar la crisis inicialmente con comunicados vacíos de contenido, incluso con supuestos criterios andragógicos para padres que solo les interesa ver lo que les conviene. Aunque un segundo texto, luego de otra semana de conflictos y agresiones, si se esbozó nombres de clubes involucrados, incluso, tras observar la foto del árbitro agredido (la cual no publicamos por respeto y ética), la realidad es tajante: ya basta de comunicados blandengues y de medias tintas.

El espejismo de la «bolsa de valores» y la visión de los expertos

El origen primario de esta agresividad reside en la distorsión del rol parental. Por el solo hecho de cancelar la mensualidad o la inscripción en una academia privada, muchos padres se asumen omnipotentes, dueños de la verdad y facultados para insultar a los jueces de contienda sin tener el más mínimo conocimiento del reglamento arbitral. Convertir a un niño de 8 o 10 años en una supuesta «bolsa de valores» o en el proyecto de salvación financiera de la familia destruye la salud mental del menor.

Desde la psicología del deporte, el diagnóstico es contundente. El especialista en psicología deportiva Marcelo Roffé sostiene con firmeza: «El padre debe ser un contrapeso emocional, no un factor de presión. Cuando el adulto grita desde la tribuna o agrede al rival y al árbitro, le está transfiriendo al niño su propia frustración no resuelta, anulando el goce del juego y generando cuadros de ansiedad competitiva precoces».

Por su parte, sociólogos del deporte coinciden en que la impunidad en el fuero deportivo fomenta la escalada violenta. Al tratarse de un entorno privado y de disciplina interna, apelar genéricamente a normativas ordinarias de protección infantil como la LOPNNA no resuelve el conflicto operativo en el terreno de juego. Es la propia jurisprudencia deportiva —a través de la FVF y las asociaciones regionales— la que debe aplicar correctivos radicales sin que le tiemble la mano.

Video en las redes sociales que se atribuyen a situaciones en el fútbol menor del estado Lara

Propuestas concretas para detener la crisis de raíz

Esta nota no se redacta como un simple análisis formal, porque la violencia desbocada no se analiza: se advierte y se frena. Estamos a las puertas de una tragedia en una cancha local si no se frena este comportamiento de raíz. Para evitar que el deporte menor larense termine teñido de luto, se hace urgente implementar una hoja de ruta con medidas severas:

  • Carnetización y veto disciplinario a representantes: Implementar un registro formal de padres y representantes. Todo adulto que incurra en agresiones verbales o físicas debe ser vetado de manera permanente de ingresar a cualquier instalación deportiva federada del país.
  • Sanciones deportivas directas a los clubes: La pérdida de puntos, la quita de categorías y la suspensión de la afiliación para los clubes o academias que no garanticen la seguridad del cuerpo arbitral en sus sedes.
  • Talleres obligatorios de escuela para padres: Exigir como requisito de inscripción que los representantes aprueben cursos de conducta deportiva y manejo de emociones dictados por las asociaciones.
  • Cuerpo de seguridad y resguardo al arbitraje: Garantizar la presencia de personal de orden público o delegados de campo capacitados en partidos de categorías menores, protegiendo la integridad física de los colegiados.

Es momento de dejarse de demagogias, de discursos regionalistas sin fundamento y actuar con determinación. La FVF, las asociaciones estatales y los directivos de academias deben tomar el control inmediato del problema antes de que la intolerancia en las gradas se cobre una vida.

Ocuparnos y no preocuparnos

Puede que este tipo de artículos no sea del agrado de algunos sectores, pero más allá de la preocupación debemos pasar a la ocupación, y desde hace 3 años en TeleRadio Digital hemos impulsado una propuesta denominada «Ponle Música al Deporte» donde a través de la música se intenta generar conciencia en el deporte.

El proyecto no se basa en la parte descriptiva melódica, sino en una propuesta de trabajo pedagógico donde se expone todo lo que se critica a través de un trabajo investigativo denominado Juegos Limpio en las Gradas.

A continuación presentamos los dos temas musicales inspirados en esta realidad que se muestra a cada rato, y que se tapa con frecuencia:

“Juego Limpio en las Gradas” Alegre, contagioso, esperanzador. Este tema es el corazón del proyecto educativo que lleva el mismo nombre. Busca sembrar una nueva cultura en los espacios deportivos infantiles, donde el verdadero juego se dé sin gritos agresivos, sin presiones innecesarias, con respeto entre familias. Un llamado musical a recuperar el espíritu del deporte como espacio de unión, formación y alegría.

 “Papá, déjame jugar” Aquí la voz protagonista es la de quienes muchas veces no son escuchados: los niños y adolescentes. El tema revela con fuerza y firmeza la tristeza que sienten algunos pequeños cuando sus propios padres olvidan que el deporte es juego, y no una bolsa de apuestas emocionales. Es un mensaje que acaricia pero también sacude, con la intención de cambiar miradas desde el amor.