«Seguramente la preocupación ya no es exclusiva de atletas, entrenadores o dirigentes de asociaciones. Hoy en día, hasta las propias autoridades de cada estado, por más compromisos o agendas que manejen, deben estar en absoluta expectativa. Los Juegos Nacionales no se reducen simplemente a ir a jugar; involucran una logística de alta magnitud que requiere meses de articulación. Y quienes piensen que todo puede rodar con normalidad como si se tratara de un simple cambio de fecha, están totalmente equivocados. Aunque en la teoría pareciera , en la práctica organizativa este tipo de situaciones obligan, en muchos aspectos, a comenzar prácticamente desde cero.» LAP

Por Luis Alonzo Paz | CNP 10.760

A tan solo dos meses de la ventana tentativa contemplada para el desarrollo de los XXII Juegos Deportivos Nacionales Juveniles 2026 —proyectada según borradores de trabajo federativos para iniciar el próximo 14 de noviembre—, el panorama organizativo de la principal cita multidisciplinaria del país se mantiene sumergido en una nebulosa de especulaciones.

Resulta curioso observar cómo circulan carpetas digitales, cuadros en Excel y propuestas metodológicas que detallan repartos de sedes y modalidades, mientras que la vocería formal del Ministerio del Poder Popular para el Deporte y del Instituto Nacional de Deportes (IND) parece optar por la prudencia del mutismo. En el papel, el país entero compite; en la realidad institucional, nadie sabe a ciencia cierta cuándo hay que abordar el autobús.

El laberinto presupuestario

La falta de una convocatoria oficial no es un detalle menor ni un capricho mediático: es un freno de mano a la gestión pública. Tras el esfuerzo económico asumido por los institutos regionales entre febrero y mayo para movilizar a miles de atletas en clasificatorios de 71 modalidades, hoy los ejecutivos regionales se enfrentan a un dilema administrativo insalvable.

¿Puede una autoridad estatal, firmar la orden de pago para concentraciones, indumentaria y logística de un evento que no existe formalmente en la pauta nacional? En la administración pública, operar sobre la base de «supuestos bien fundamentados» no valida una partida presupuestaria. Sin una oficialización o un calendario ratificado que sirva de respaldo legal, los recursos permanecen congelados y las delegaciones, paralizadas.

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La quiebra de la planificación y el criterio técnico

En el alto rendimiento, la improvisación se paga con marcas deficientes y lesiones. No hay que ser un erudito en metodología para comprender que un atleta juvenil no puede mantener el pico de forma física de manera indefinida a la espera de un «habemus juegos».

«El entrenamiento deportivo es una ciencia exacta basada en la periodización. Si le quitas al atleta y al entrenador la fecha de competencia, le quitas la meta; y sin meta, la preparación se transforma en un desgaste a ciegas que destruye el rendimiento psicológico y físico.»

ABC del alto rendimiento deportivo

Los entrenadores del país se encuentran en una encrucijada técnica. Trabajar a media máquina es la única opción sensata para evitar el sobreentrenamiento, pero esto compromete el rendimiento de quienes están llamados a ser la primera fase del ciclo olímpico. Peor aún es la situación en el entorno familiar. De los mensajes que saturan nuestros canales informativos, la inmensa mayoría proviene de padres y representantes angustiados que deben coordinar la vida académica, logística y hasta los planes de migración o becas internacionales de sus hijos en función de un calendario que no existe.

El peso de la gestión deportiva

Hay quienes pudieran pensar que la suspensión de estos juegos dejaron a las delegaciones «organizadas». Sin embargo, cualquiera que conozca la dinámica del deporte sabe que esa premisa carece de sustento práctico. La logística deportiva caduca: la preparación física se pierde, las reservas se vencen, las edades de categoría cambian y las realidades financieras se agotan.

Mientras la Liga FUTVE rueda, la LVBP alista sus motores, se crea la Liga Superior de Baloncesto y se despliegan comitivas hacia los Juegos Centroamericanos y Suramericanos, y si le sumamos que con bombos y platillos presentaron la cuenta regresiva de 250 días para los Juegos Bolivarianos de la Juventud, los cuales también fueron cambiados de su fecha original y que se realizarán en Venezuela, nos cuesta entender el por qué la cita que reúne al futuro del deporte en suelo patrio sigue esperando por una señal OFICIAL.

Comprensión institucional ante la búsqueda de certezas

Es necesario enfatizar un punto clave: nadie pone en duda que Mindeporte y el IND estén trabajando con la mejor intención para concretar el éxito de los juegos. Entender la complejidad del contexto nacional tras los imponderables del año es un ejercicio de responsabilidad y empatía que el sector deportivo asume con madurez.

Sin embargo, así como la colectividad comprende las dificultades del ente rector, las autoridades deben comprender la angustia legítima que embarga a las autoridades estatales, directores de deporte, técnicos, padres y atletas. Nadie pide milagros; lo que el país deportivo reclama es información clara. Oficializar la ruta, sea cual sea el destino final o la fecha definitiva, es el único camino para transformar la incertidumbre en planificación y garantizar que el talento de nuestra juventud no se quede atrapado en un borrador.

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