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Jerusalén, 29 feb (EFE).- Este jueves se superaron en la Franja de Gaza los más de 30.000 muertos en 146 días de guerra; una cifra récord que precede, por un lado, un futuro devastador y desconocido para los palestinos, y por el otro, una sociedad israelí traumatizada, polarizada y dispuesta a mantener la ofensiva bélica.
¿Cómo contextualizar una avalancha de cifras?
En esta ofensiva terrestre, al igual que la de 2008, la prensa internacional no tiene permitido acceder al enclave, lo que dificulta el derecho a la información, sobre todo, tras el asesinato de casi un centenar de periodistas palestinos, según el Comité para la Protección de Periodistas (CPI).
El Ejército israelí ha confirmado la muerte de 242 soldados desde el inicio de la ofensiva terrestre el 27 de octubre, mientras que desde el 7 de octubre, el Ministerio de Sanidad gazatí, controlado por Hamás, ha registrado 30.035 muertos, en su mayoría mujeres y niños, y 70.457 heridos; además de unos 7.000 cuerpos bajo los escombros.
En total, un 4,3 % de los habitantes de Gaza ha muerto o está herido; en una población con una edad media de 18 años distribuida en 365 kilómetros cuadrados -superficie similar a Medellín (Colombia), Málaga (España) o Ciudad Juárez (México)-.
¿Qué es Hamás?
Hamás, grupo islamista que perpetró el pasado 7 de octubre el brutal ataque en suelo israelí que dejó unos 1.200 muertos y más de 250 secuestrados, nace en 1987 a la sombra de la Primera Intifada, con la promesa de erradicar el Estado de Israel y contrario a los Acuerdos de Oslo. Occidente, incluido EEUU y la UE lo considera terrorista.
Su popularidad crece como proveedor de educación, alimento y sanidad, y en 2006 gana unas elecciones en la Franja -tras la retirada de colonos israelíes del enclave- que desencadena su bloqueo por parte de Israel y Egipto. Más de la mitad de la población gazatí actual no había nacido entonces y Hamás no ha vuelto a pasar por las urnas.
Israel dice haber matado a unos 12.000 de sus milicianos en esta guerra; con escasas bajas de alto rango salvo el asesinato selectivo por un dron de Saleh al Arouri en el Líbano. Hamás reduce su cifra de bajas a la mitad; mientras que voces críticas temen que esta guerra, con tantas víctimas civiles, aumente la adhesión de jóvenes a las milicias.
Hamás cuenta desde hace años con el apoyo de Catar, Irán o Turquía, y un entramado de 400 kilómetros de túneles en Gaza usado en sus inicios para el contrabando de bienes -como vacas o cigarrillos desde Egipto- pero también para actividades criminales como el secuestro del soldado Gilad Shalit.
¿Por qué Netanyahu no facilita una tregua?
Si hay un nombre que todos conocen en Israel es el de Gilad Shalit, el cabo secuestrado por Hamás en 2006, liberado en 2011 a cambio de 1.027 prisioneros palestinos, entre ellos Yahya Sinwar, líder de Hamás en la Franja y cerebro de los ataques del 7 de octubre, que cumplía cinco cadenas perpetuas. Un acuerdo bajo el mando del también entonces primer ministro, Benjamín Netanyahu, reacio ahora a ceder en este terreno.
Otra de las razones apuntadas por analistas políticos es que Netanyahu prioriza un desacuerdo por su propia supervivencia, ante la posibilidad de perder el apoyo de ministros ultraderechistas si acepta una tregua prolongada, mientras que si no lo hace, el centrista Benny Gantz -actual favorito en las encuestas a primer ministro- podría retirarle su apoyo en el gabinete de guerra.
En total, 134 personas siguen cautivas -cuatro desde hace años y una treintena ya muertas-. En octubre, Hamás liberó a cuatro y, durante la tregua de noviembre, 105 cautivos más regresaron a Israel a cambio de 240 prisioneros palestinos. El Ejército, hasta ahora, ha rescatado solo a tres personas por la fuerza.
Casi todas las semanas hay protestas en urbes como Tel Aviv, donde junto a familiares de los secuestrados, miles de israelíes piden al gobierno que anteponga la vida de los suyos y a Netanyahu que dimita y convoque elecciones.
¿Qué saben israelíes de palestinos, y viceversa?
Esta guerra se produce tras décadas de total desconexión, ocupación y separación entre israelíes y palestinos. Los primeros tienden a interactuar con los segundos tan solo desde una posición de poder, como soldados, mientras cumplen con el servicio militar obligatorio.
Los palestinos, por su parte, no gozan de libertad de movimiento dentro de sus tierras, y necesitan permisos para poder entrar, trabajar o ir al médico en Israel o en Jerusalén Este, territorio palestino anexionado por Israel en 1980. Esto dificulta enormemente cualquier interacción entre ambos.
En el territorio palestino de Cisjordania, Israel mantiene unos 500 puestos de control militares o bloqueos de carretera, algunos móviles, según datos de agosto de 2023 de la ONU; mientras que los israelíes tienen prohibido por ley visitar Cisjordania, con carteles que rezan que es «peligroso para tu vida». EFE

parque bararida