Por Luis Alonzo Paz | CNP 10.760

El filósofo griego Séneca dejó asentado una verdad que atraviesa el tiempo: «No hay viento favorable para el que no sabe adónde va». En la arquitectura del deporte de alta competencia, esa máxima cobra una dimensión vital. La preparación de un atleta no se sostiene únicamente sobre el sudor, la disciplina o la repetición constante; requiere, ante todo, de una meta clara en el horizonte.

Nadie pone en duda que la realización de la máxima cita polideportiva del país es un tema recurrente en los pasillos de Mindeporte y del Instituto Nacional de Deportes (IND). Tampoco que exista comunicación técnica entre la Dirección de Alto Rendimiento y las direcciones de deporte de cada estado. Sin embargo, más allá de la dinámica institucional, emerge una inquietud que atañe al sentir del pueblo deportivo: la intriga de miles de atletas clasificados, entrenadores y familias que observan cómo el país busca ponerse de pie tras las secuelas del terremoto del pasado 24 de junio.

Mientras la cotidianidad recobra su marcha en diversos ámbitos —con el anuncio del calendario de la LVBP, el surgimiento de una nueva liga profesional de baloncesto, el desarrollo de la Liga FUTVE y la proyección de citas internacionales como los Juegos Bolivarianos de la Juventud para 2027—, el evento base de la juventud venezolana permanece envuelto en un marcado hermetismo oficial.

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La trascendencia del primer eslabón

Frente a las inquietudes planteadas por nuestros lectores sobre la insistencia periodística en torno a esta cobertura, la respuesta es clara: los Juegos Nacionales Juveniles representan el primer eslabón del ciclo olímpico venezolano. Es el espacio donde se mide el aliento, la marca y la proyección de la generación de relevo. Como bien reflexionaba un internauta en nuestras plataformas: «Posiblemente no dan respuesta porque no le dan la importancia que el resto del país polideportivo sí le da, o tal vez nunca fueron atletas de alta competencia para entender esta realidad» – es su opinión- .

El respeto al esfuerzo deportivo exige una profunda empatía. Detrás de cada marca hay horas de trabajo en condiciones sumamente complejas. Aristóteles argumentaba que «somos lo que hacemos repetidamente; la excelencia, entonces, no es un acto, sino un hábito». Exigir excelencia a nuestros jóvenes sin ofrecerles certidumbre sobre el escenario donde demostrarla resulta una contradicción pedagógica y deportiva.

Lo que se proyecta en la quietud

En las regiones, la dirigencia técnica no ha detenido sus motores. Los institutos de deporte de los estados trabajan sobre la premisa de que la competencia pueda desarrollarse entre el 28 de noviembre y el 5 de diciembre, es la fecha que ellos manejan. No obstante, son insistentes en señalar que se trata de un marco estrictamente tentativo:

  • Lara: Se perfila como la sede principal al proyectar la recepción de más de 20 modalidades deportivas.
  • Carabobo y Aragua: Mantienen planificaciones para albergar el resto de las disciplinas.
  • Trujillo: Asumiría las pruebas de ciclismo de pista, al disponer del único velódromo apto bajo estándares internacionales de la UCI.
  • Todo lo que se diga es sobre la base de la especulación, más allá de que al final todo sea de esta manera.

Un ecosistema humano que exige certidumbre

Unos Juegos Nacionales Juveniles movilizan un tejido social que supera la barrera de las medallas. Involucran de manera directa e indirecta a más de 20 mil personas entre atletas, jueces, personal de logística, transporte, hotelería y la economía popular que florece alrededor de cada recinto deportivo.

Con la entrada del mes de septiembre, la comunidad deportiva no pide imposibles, sino el respeto que merece el trabajo acumulado. Definir fechas y sedes no es un mero trámite administrativo; es validar la entrega de quienes representan el futuro de la nación y otorgarle el viento favorable que toda meta requiere para convertirse en realidad.

Tres años creyendo que ¡si se puede!

TeleRadio Digital – la multiplataforma del deporte venezolano- nació hace tres años (septiembre) con un propósito claro: ser el altavoz del deporte nacional en toda su dimensión. Nuestra cobertura no se limita a los grandes escenarios internacionales ni a la deslumbrante vitrina de las Grandes Ligas; nuestra esencia abraza con la misma pasión el alto rendimiento y la alta competencia federada que se construye día a día en cada rincón del país.

De allí proviene nuestro insistente llamado y nuestro firme compromiso con la realidad deportiva. Porque estamos convencidos de que, así como los atletas y entrenadores planifican con rigor cada competencia para dejar en alto nuestra bandera, las instituciones y los medios también tenemos el deber de planificar la altura de una transmisión y difusión.

Apoyar el semillero nacional no es una opción, es la razón de ser de este proyecto comunicacional, y deseamos que este tipo de artículos o comentarios no se cristalicen, como usualmente, y en especial en esta época, suelen tratarse este tipo de temas, donde algunos sectores lo ven con ojos analíticos, otros, como esa piedrita dentro del zapato, incluso algunos, como algo sin importancia; algo así como ¡no le paren bolas!

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