
Por Luis Alonzo Paz | CNP 10.760
A poco más de un mes para la fecha pautada de los XXII Juegos Deportivos Nacionales Juveniles, el país deportivo se debate entre la incertidumbre, el respeto al duelo nacional y la imperiosa necesidad de mantener viva la llama de nuestra juventud. Es imposible trazar el rumbo del mañana sin mirar la herida reciente que todavía late en nuestra tierra. El dolor por los dos fuertes terremotos del pasado 24 de junio sigue a flor de piel, habiendo golpeado con severidad a la capital de la República, al estado Miranda y el estado La Guaira.
Sin embargo, el deporte posee una mística única: es el motor que históricamente ha levantado a los pueblos en sus peores crisis. En medio de la emergencia, la solidaridad y la acción se han hecho sentir con fuerza en todo país. Barquisimeto se ha erigido como parte de esa resistencia deportiva nacional, abriendo sus puertas para recibir a las delegaciones de polo acuático, clavados, boxeo, hockey sobre césped y balonmano, algunas de ellas debieron reubicar de inmediato sus bases de preparación ante los daños sufridos en la capital.
La presión de un calendario internacional que no da tregua
Nuestros atletas de selección nacional no tienen tiempo para detenerse, pues el calendario internacional exige el máximo compromiso en las próximas semanas. Con la mirada fija en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, listos para arrancar este 24 de julio, y los posteriores Juegos Suramericanos en Santa Fe, Argentina, pautados del 12 al 23 de septiembre, la preparación física y mental se mantiene al límite.
Pero en el ámbito doméstico, la realidad es muy distinta. Tras la suspensión lógica de los Juegos Estudiantiles y Comunales que debían celebrarse durante estas fechas, la gran interrogante que recorre los pasillos de las asociaciones, gimnasios y oficinas de los institutos regionales de deporte es una sola: ¿Qué pasará con el futuro de nuestra máxima cita juvenil?
Las tres opciones sobre la mesa
Es una verdad innegable que la zona metropolitana y sus estados colindantes hoy tienen prioridades de carácter humanitario y civil que superan por mucho la organización de una fiesta polideportiva. El sentido común debe imperar. No obstante, la preparación y los sueños de miles de jóvenes que ya aseguraron su cupo clasificatorio en 71 modalidades distintas no pueden quedar en el olvido.
A la espera del pronunciamiento oficial que en su momento deberán emitir el Ministerio del Deporte y el Instituto Nacional de Deportes (IND), estos son los tres escenarios que TeleRadio Digital proyecta dentro de este panorama deportivo:
- La suspensión definitiva del evento nacional: Esta representa la variable más drástica y dolorosa para el desarrollo del ciclo olímpico venezolano. Cancelar la cita de este año significaría frenar en seco el fogueo y la evaluación de toda una generación de relevo que ya se encontraba lista para competir a partir del 22 de agosto. Sería un vacío técnico difícil de recuperar para las asociaciones estatales que invirtieron recursos y esfuerzo en conformar sus delegaciones.
- La reprogramación de la fecha y mudanza al eje central: Mover el inicio de la competencia para el mes de octubre -entendiéndose que el calendario está muy ajustado – y otorgar la localía compartida a estados que cuentan con la infraestructura lista y activa, tales como Lara, Aragua y Carabobo. Esta alternativa permitiría salvar la competencia, aunque obligaría a reajustar los calendarios considerando la cercanía de los Juegos Bolivarianos de la Juventud, pautados originalmente para Caracas, y sobre los cuales también se espera un veredicto por parte de la Organización Deportiva Bolivariana (ODEBO).
- El plan de contingencia en el bloque occidental: Trasladar la totalidad de la justa deportiva en el mes de octubre hacia el eje conformado por los estados Zulia, Falcón y Trujillo. Esta opción se toma debido a que este bloque territorial ya contaba con un plan logístico, hotelero y de instalaciones preestablecido para los suspendidos Juegos Estudiantiles. Aprovechar esa estructura organizativa previa aliviaría la carga administrativa del Estado en un momento de crisis.
Para la familia deportiva de nuestro país —que engloba a atletas, entrenadores, dirigentes, padres y representantes— es evidente la complejidad del momento actual. En TeleRadio Digital estamos convencidos que, ante la adversidad, la cancha siempre ha sido el mejor templo para volver a ponernos de pie. Confiamos plenamente en que la decisión final de las autoridades tendrá el peso del sentido común y el respeto que merece tanto la reconstrucción de la nación como el futuro de quienes sudan la camiseta de cada estado.

