Los recientes hechos suscitados en Chile durante el encuentro entre el Colo Colo y el Fortaleza de Brasil en la Copa Libertadores de América, deja abierto un gran debate para ver si de una vez por todas se intenta buscar una solución al gran problema que generan las barras en el fútbol mundial, especialmente en Suramérica.

Las violentas acciones protagonizadas por las denominadas «barras bravas» han sido un lastre histórico para el fútbol a nivel global. Estos grupos de fanáticos, que se caracterizan por su comportamiento agresivo y hasta delictivo, han causado serios problemas de seguridad dentro y fuera de los estadios, alejando cada vez más a las familias de los eventos deportivos.

Lamentables antecedentes

A lo largo de los años, hemos sido testigos de innumerables incidentes protagonizados por las barras bravas en diversos países. En Argentina, las batallas campales entre las hinchadas de Boca Juniors y River Plate han dejado un saldo trágico de decenas de muertos. En Brasil, las confrontaciones entre las barras de Flamengo y Vasco da Gama han provocado destrozos y heridos.

Venezuela no escapa de esa realidad, y solo por nombrar dos un hecho, en el 2014 durante un juego entre el Portuguesa FC y el Deportivo Lara, un hincha del conjunto crepuscular falleció tras una reyerta entre barristas, «Ya fue confirmado por diversos colegas y efectivos de seguridad el fallecimiento de un hincha de la barra nuestra del Deportivo Lara», señaló a Efe el jefe de prensa de conjunto larense para ese momento, Tommy Arguelles.

Otra historia triste para recordar fue la quema de autobús del Caracas FC, en la final del torneo en el año 2000, cuando los Rojos del Ávila se titularon campeones ante el Deportivo Táchira en el Polideportivo de Pueblo Nuevo en San Cristóbal.

El más reciente episodio que pone de manifiesto este grave problema ocurrió en el partido entre Colo Colo y Fortaleza, por la Copa Libertadores, celebrado el pasado jueves. Previo al encuentro, se registraron violentos enfrentamientos dejando dos menores de edad fallecidos y daños materiales dentro del estadio, luego de que las barras de Colo Colo destruyeran las laminas de seguridad e irrumpieran en el engramado, logrando la suspensión del cotejo.

¿Deben existir las barras bravas?

Ante este panorama, surge la interrogante: ¿Deben existir las barras bravas? La respuesta es un rotundo no. Estas agrupaciones de fanáticos, lejos de aportar un verdadero apoyo a sus equipos, se han convertido en un «cáncer» que amenaza la integridad del fútbol, incluso, ya con solo llevar la denominación de «bravas», obliga a pensar que simplemente son fuerzas de choque, más allá de los nombres guerreristas que en su mayoría utilizan para denominarse como tal.

Otro de los detalles más importantes, y causa curiosidad que para los dueños de equipos pareciera que no reviste de importancia, es que Las familias se han visto obligadas a alejarse de los estadios por temor a ser víctimas de la violencia desatada por estos grupos. Asimismo, los clubes deben invertir sumas elevadas en seguridad, desviando recursos que podrían destinarse a mejorar la experiencia de los espectadores.

Es momento de que las autoridades competentes, junto con los clubes y las organizaciones futbolísticas, tomen medidas drásticas para erradicar esta enfermedad que corroe al fútbol mundial. Solo así podremos recuperar la esencia del deporte, donde las familias puedan disfrutar de los partidos en un ambiente de sana convivencia y celebración.

Así terminaron con los hooligans en Inglaterra

¿Se puede erradicar la violencia de los estadios? Sí. ¿Es fácil? No. ¿Hay antecedentes de que algún país lo haya logrado? Sí. Inglaterra, que durante décadas sufrió los desmanes de los hooligans, hoy goza de un fútbol con buena salud.

Cabe destacar que la pelea que le plantó todo Reino Unido a los violentos no se ganó de un día para el otro, sino que fue un proceso de años y medidas muy duras, las cuales necesitaron de una gran inversión financiera. La tragedia de Hillsborough, en 1989, día en el que murieron 97 personas aplastadas contra las vallas del estadio de Sheffield a causa de una avalancha, inició el fin de los hooligans.

El fútbol inglés ya había tenido otros dos hechos similares: violentos de Liverpool habían estado involucrados en la tragedia de Heysel, en la que murieron 39 fanáticos de Juventus en 1985 (le valió a toda Inglaterra una sanción de la UEFA de seis años sin participar en competiciones europeas), y ese mismo año se dio la tragedia de Valley Parade, acontecimiento en el que que murieron 56 personas debido a un incendio en las tribunas en el duelo Bradford City vs. Lincoln City.

La administración de Margaret Thatcher, que durante algunos años de su mandato había aceptado a los hooligans, comenzó una persecución que los haría desaparecer: les prohibió la entrada a los estadios e inmediaciones, y sancionaba a toda empresa de transporte (avión, tren o bus) que los aceptaran, como así también a aquellos bares que los recibieran.

Esto se complementó con un fuerte protagonismo del sistema judicial, que instauró penas de cárcel efectivas para cualquier delito «en el ambiente del fútbol». Se armó un equipo de elite exclusivo dentro de la Policía y varios miembros lograron infiltrarse en las barras. A esto se le añadió sistemas de vigilancia dentro de las canchas y seguridad propia de cada club.

Otro punto no menor fue el hecho de triplicar el precio de las entradas, lo que se volvió un privilegio de la clase alta. El estudio del gobierno inglés entendió que los hooligans eran de clase baja, por lo que esto los excluyó de asistir a los eventos deportivos

Argentina: El Gobierno impulsa el envío del proyecto para que las barras bravas sean consideradas como organizaciones criminales

Las barrabravas son un problema irreparable en la sociedad argentina. Los disturbios causados dentro, como fuera de la cancha, colmaron la paciencia del Gobierno Nacional, que ahora plantea enviar un proyecto para considerarlos como organizaciones criminales.

De qué trata el nuevo proyecto de ley que quiere impulsar el Gobierno

El Gobierno nacional busca enviar, de manera acelerada, el nuevo proyecto de Ley Antibarras al Congreso Nacional. Todo esto debido a la lamentable y violenta marcha de jubilados que se desarrolló esta semana, en la Plaza del Congreso.

El enfrentamiento del miércoles evidenció el pedido de ayuda de algunos abuelos, como también el triste accionar de aquellas personas denominadas “barras bravas”, de diferentes clubes, que se encargaron de dispersar la violencia en diferentes focos estratégicos.

Nueva ley propone penas severas para miembros de barras bravas y trapitos ilegales

La idea de esta nueva ley es catalogar las actividades de sus integrantes como delitos severos, con penas que van desde los dos a los cuatro años de prisión para aquellos que tengan armas o revendan entradas falsas o de protocolo. Las autoridades de los clubes también serán penados con hasta seis años de cárcel.

Asimismo, otro negoció a desarticular es el de los famosos trapitos ilegales, que se encuentran a la salida de lugares estratégicos tales cómo una chanca de fútbol y conciertos de música.

“Barra brava” es el nombre con el que se designa a ciertos grupos de hinchas que se caracterizan por su actitud violenta y disruptiva en los partidos de fútbol.

Además de la agresividad hacia hinchas rivales, las barra bravas suelen tener nexos con el crimen organizado y otras actividades ilegales. Su presencia es un problema creciente en Argentina, donde la violencia de estos grupos genera preocupación en el ámbito deportivo y social.

Sin medias tintas

Es utópico creer que existen Barras Bravas buenas, o con buenas intenciones, y pese a que en algún momento podamos conseguirnos con grupos de hinchas organizados que por su mente no pase la violencia como forma de vida deportiva, no es menos cierto, que el impacto que produce la derrota o las caídas, siempre generará frustración en los hinchas, dejando alta la posibilidad de generar violencia por las propias frustraciones que generan estas derrotas.

Nos acostumbramos a la violencia y esto no es bueno para nuestra sociedad. Una población insensible es una población peligrosa.

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